Viskningar och Rop (Gritos y Susurros, 1972) es una película dirigida por Ingmar Bergman, cuya fotografía corrió a cargo de Sven Nykvist, que ganó el Oscar por su trabajo. En el filme aparecen las constantes obsesiones bergmanianas, entre las que destaca el tratamiento simbólico o psicológico del color, de manera que este elemento morfológico pasa a soportar gran parte del peso narrativo. De hecho, el empleo de este recurso enlaza también con la estética manierista, que tiende al irrealismo, el refinamiento y la sofisticación, rasgos que se traducen plásticamente en que los colores se vuelven ácidos, chillones y afilados.

Así el uso de la sangre, es decir, del color rojo, refleja la última vía de escape para las cuatro mujeres protagonistas de la película en alas de recuperar lo que creían perdido (el amor, la comunicación), pero que realmente nunca existió. Su uso del rojo, ese color estático, cerrado y concéntrico o centrífugo, en los constantes fundidos, la ambientación del mismo color (paredes, colchas, cortinas) o incluso el vestuario, refuerza el clima de desasosiego que las diferentes relaciones humanas producen en los personajes.

De hecho, cada color que aparece en la paleta de la película (rojo, blanco y negro que nunca aparecen juntos, sino por combinaciones de rojo y blanco o negro y rojo) produce un efecto anímico diferente. El rojo, predominante a lo largo del filme como ya hemos dicho, sugiere cercanía, para así introducirnos en la tensión que plantea dicho color, y transmite sensación de actividad, pero en el interior de los personajes, lo cual choca con todos los momentos "susurro" o de calma aparente de la obra (escena del visionado), mientras que encaja con esas otras escenas de "grito" en las que las protagonistas manifiestan todo su dolor y angustia.

En la escena podemos ver como el contraste armónico o de colores complementarios entre el blanco y el rojo, tonos además muy saturados, genera profundidad espacial, con la ayuda del plano. Es cierto que en lo que respecta al contraste, el procedimiento dinámico más simple, se perciben mejor los colores oscuros sobre fondo claro que viceversa, pero también debemos tener en cuenta que el croma del rojo roza el grado máximo de saturación, acercándolo al rojo puro y facilitando su inquietante recepción, por no hablar  de la proximidad de los colores que también aumenta el dinamismo de la imagen.

Todo esto recalca la atmósfera de claustrofobia, desencuentros y desesperanza de la mansión donde conviven las cuatro mujeres. Los rojos se ven más brillantes en un medio intensamente iluminado como el de la escena, tal y como  enuncia la teoría del efecto Purkinje, lo cual parece señalar la artificialidad y fragilidad de la vida de las tres hermanas y la criada. Por último, en lo que respecta al tinte o matiz por el cual identificamos ambos colores, sin lugar a dudas todos coincidimos a la hora de decir de qué tonos se tratan.

He elegido esta secuencia porque nuevamente me recuerda a "El grito" de Edward Munch, una obra que ya he mencionado anteriormente y que como podemos apreciar, supone un hito muy recurrente en el mundo de las artes. Al igual que este artista expresionista, Bergman hace del color un medio básico para representar las dificultades de la existencia humana, que son tratadas a partir de una composición agresiva, de destacados contrastes y de colores fuertes, puros y arbitrarios. Creo que en esta escena, la criada se paraliza, como ya lo hiciese Munch, al experimentar el mismo "grito enorme, infinito" de los que habitan la casa, cuyo ambiente doméstico se trunca en sufrimiento, rencor y pasión contenidos a través del rojo.

Amalia Jiménez