Persépolis: el cómic se convierte en cine comprometido
Persépolis es la historia autobiográfica de la artista iraní Marjane Satrapi. El cómic comienza en 1979, cuando Marjane tiene diez años y es testigo de un cambio social y político que pone fin a más de cincuenta años de reinado del sha de Persia en Irán y da paso a una repúblia islámica. Este cambio es rechazado por su familia, que educa a Marji al estilo occidental, de manera que en la mente de la niña se contraponen figuras como Dios y Marx mientras ella sueña con convertirse en profeta.
Así, Marjane inicia su adolescencia enfrentándose a sus profesores y al a represión del régimen, lo cual obliga a sus padres a enviarla al extranjero para proseguir sus estudios, lejos de la guerra y las reprimendas del gobierno por su conducta.
En el liceo francés de Austria, Marjane conoce a un grupo de jóvenes que la acogen intrigados por su procedencia y origen islámico. Tras un par de fracasos amorosos y cansada de las monjas y la señora con las que vivió, pasa varios días deambulando por las calles hasta que es recogida y llevada a un hospital donde llama a sus padres
para volver a casa.
Al regresar a Teherán y comenzar sus estudios de Bellas Artes concoce a un chico con el que se casa después de haber pasado una época depresiva al tener que acostumbrarse de nuevo a las condiciones de vida bajo el régimen chiita de los Ayatolá. Tras el fracaso de su matrimonio decide marcharse a Francia, despidiéndose de su abuela por última vez..
Además de las diferencias obvias que existen entre el cine y el cómic (como el story board, compuesto por un conjunto de ilustraciones, dibujos o fotografías, así como de descripciones de planos y escenas, que forman la síntesis o guión técnico del cómic y que trata de aproximarse a la concepción que el director tiene del cómic), se suele decir que el segundo reclama una "actividad por parte del lector, que éste sea capaz de llenar lo que falta entre dos viñetas".
En el séptimo arte, la mezcla de movimiento, sonido e imagen y, en definitiva, todos aquellos efectos visuales modernos, permiten que se puedan introducir multitud de detalles en un minuto de película que, sin embargo, en un cómic ocuparían más de dos o tres viñetas. Las onomatopeyas que intentan reflejar diferentes sonidos se convierten en verdaderas explosiones, golpes, sirenas, etc., al menos para nuestro oído. Por todo ello, decimos que el cómic necesita que el lector ejerza un papel activo, ya que tiene que intuir y deducir lo que se omite entre viñeta y viñeta, a partir del conocimiento que ha ido obteniendo de la lectura de otros cómics.
En Persépolis, el color se usa en los momentos en los que la protagonista aparece en el aeropuerto de Francia y en el taxi, camino de su nueva vida, para destacar los flashback del pasado y el hecho de que ya no está viviendo en Irán durante el final de la guerra.

Al igual que muchos artistas del Expresioniso alemán, Satrapi da mayor importancia al contenido que a la forma, se centra más en la expresividad de sus dibujos que en que sean un retrato fiel de la realidad. Como las películas del Expresionismo alemán y el Neorrealismo italiano, muestra la devastación bélica como telón de fondo, recurriendo al blanco y al negro, que de igual manera que la represión islamista, aniquila la libertad entendida como el color en la representación pictórica. Por último, Satrapi también hace guiñoz a las grandes obras del Expresionismo pictórico, como El grito o Ansiedad de Edvard Munch, tal y como podemos apreciar en las siguientes imágenes.
Lo que está claro es que esta película atípica no deja indiferente. El grafismo del estilo de los dibujos infantiles provoca la sensación de haber estado mirando a través de los ojos de una niña que, sin entender de religión o política, experimenta las consecuencias de una guerra. Se trata de una obra de indudable valor humano en la que una mujer, por fin, mira al mundo sin tapujos y sin miedos diciendo lo que verdaderamente piensa. Por todo ello, no os la podéis perder.
Amalia Jiménez



