Acción!: creación de un corto
Hace unas semanas unos amigos y yo, estudiantes de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Carlos III de Madrid, nos embarcamos en un fin de semana inolvidable. La Comunidad de Madrid ofrece todos los años un curso en el mes de Febrero para la elaboración y producción de un cortometraje, de una duración de casi tres días, que tiene lugar en un albergue de San Lorenzo de El Escorial. Por el precio de 44 € (con carnet joven) tienes alojamiento en el albergue juvenil Santa María del Buen Aire, en una habitación compartida con otros participantes del programa y pensión completa (ya os aviso de que la comida da bastante pena, es cierto, así que es aconsejable llevar algo en la mochila porque las máquinas expendedoras también suelen estar estropedas). Es necesario tener el carnet de alberguista (cuesta 5 € hacérselo y puedes sacártelo junto con el curso en la oficina de turismo joven de la calle Fernando el Católico, nº88). En lo que respecta al transporte, los autobuses a San Lorenzo salen del intercambiador de Moncloa y el trayecto dura aproximadamente una hora. No os fieis cuando los bienintencionados habitantes del pueblo os digan que la parada de autobuses está muy lejos del albergue, porque no es para tanto. En serio, os lo dice una persona bastante sedentaria.
La programación del curso es bastante intensiva como comprenderéis. Nosotros llegamos el viernes 20 de febrero a las 18:00 y, después de ver nuestra habitación y cenar una horrble sopa castellana (con todos mis respetos a la comida más castiza), conocimos a uno de nuestros monitores del curso, Sergio Fernández, y al resto de compañeros (en realidad sólo era uno más). Pronto empezamos a hablar sobre los aspectos necesarios para una grabación (profesiones y funciones) y visionamos algunos cortos magníficos, al menos para mí, como El columpio, dirigido por Álvaro Fernández Armero, que ganó el Goya en 1993, y protagonizado por Coque Malla y Ariadna Gil; el popular A las 7.35 de la mañana de Nacho Vigalondo, nominado al Oscar en 2004 por su trabajo, y otro llevado a cabo por otros participantes de cursos anteriores, cuyo título no recuerdo ahora bien, pero que con solo una puerta, un actor y un espacio exterior de los alrededores del albergue, lograba sobrecoger con una fantasía acerca de las vicisitudes de la vida.
No obstante, recuerdo que lo primero que Sergio nos enseñó es qué era la Teoría del eje, fijada en la década de los años 30 en los estudios de Hollywood por el cine clásico de entonces. Lo que viene a decir esta ley es que a la hora de filmar, por ejemplo, una conversación entre dos personas, si trazásemos una circunferencia alrededor del eje que las miradas de ambos personajes forman, las cámaras (en realidad, la mayoría de las películas se ruedan únicamene con una, pero se habla de ellas en plural por las distintas localizaciones de la misma, de manera que se obtienen planos tomados desde la espalda de uno de los personajes mientras se registra el rostro del otro) han de estar siempre al mismo lado del eje. En un hemisferio u otro, pero no pueden cambiarse de lado durante el rodaje. De ahí que nuestro monitor, temeroso de ausentarse un minuto y encontrarse con el pastel en el montaje, nos advirtiese de esto lo primero.
Las opciones para cambiar de lado del eje, sin que se produzcan las confusiones de posición de los personajes que hemos podido apreciar en este video, son: intercalar un plano aislado tomado en un escenario distinto, grabar desde el eje o la técnica del travelling. La teoría del eje está intimamente relacionada con los raccords, en este caso en lo que se refiere a la posición de los personajes, que junto al raccord de mirada es uno de los más llamativos para el ojo del espectador.
Finalmente, definimos algunos conceptos como plano de rodaje (desde que pulsas "el rec" hasta que lo paras) y de montaje (cuando ya está editado), toma (cada una de las veces que se rueda un mismo plano), secuencia (unidad mínima de acción de los guiones, tanto el literario como el técnico, que sucede en un mismo lugar y tiempo), plano secuencia (grabado en continuidad de modo que recoge varias acciones o lugares, no necesariamente personajes) y procedimientos para pasar de un plano a otro como el fundido (indica paso del tiempo), cortinilla, encadenado (lo difuminado del fondo pasa a primera línea o viceversa) o corte directo, por no mencionar los tipos de encuadre (plano general, medio, americano, detalle, etc).
Así llegamos preparados para el sábado por el mañana, momento en el que en una sesión de "brainstorming" o lluvia de ideas elegimos la que ibamos a desarrollar. Todos aportamos al menos una, detallando personajes, acción, espacio y tiempo. Una vez que seleccionamos la que íbamos a grabar, tuvimos que concretar una sinopsis (resumen de 10 a 15 líneas) y una escaleta de secuencias, hecha sobre el aspecto de la película montada que verá el espectador y en la que se pueden indicar espacios, personajes, diálogos, pero no planos. Esto último corresponde al guión técnico, donde detallamos los encuadres que rodaremos, mientras que en el literario, el cual se hace el primero, fijamos la acción y los diálogos que luego visualizaríamos como imágenes.
El rodaje comenzó a primera hora del domingo. Cada uno hizo su papel de director, de exteriores o interiores, productor, cámara, script (lleva a cabo un documento en el que anota la toma, duración de la misma, número de secuencia, si la toma es buena o mala, etc) actores, sonido y ayudantes varios. Es muy importante en el rodaje tener en cuenta que el tiempo disponible es muy reducido y que hay que aprovechar para rodar del tirón todas las escenas que se rueden en un mismo espacio, así como tomar planos recurso que luego ayuden en el montaje.
De este modo rodamos nuestro primer corto, que todavía no hemos podido visionar, pero que seguro que pronto lo colgaremos en Youtube y en este blog. Como consejo personal, recomiendo grabar a continuación del corto un simulacro de tertulia televisiva entre intelectuales que acabasen de ver el cortometraje. Es perfecto para liberarse de las tensiones acumuladas durante las prisas del rodaje y reírse de los errores cometidos, de los cuales no olvidemos que siempre se aprende algo bueno.
Amalia Jiménez
